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SOCIEDAD
Instituto Silestone
10 consejos para cultivar alimentos saludables en un huerto urbano

La explotación de huertos en pequeños terrenos domésticos o comunales dentro de las ciudades, el “urban farming”, se ha convertido en una actividad lúdica que gana cada día más adeptos. Pero no son algo nuevo, los huertos urbanos tienen una larga tradición, especialmente en los países del norte y centro de Europa, no así en los países mediterráneos, y Norteamérica en donde surgieron como una necesidad de obtener alimentos tras la 2ª Guerra Mundial.  “Allotments” en Londres o “Kleingarten” en Berlín…están también muy presentes en Nueva York, Paris, Copenhague, ciudad en la que son obligatorias las azoteas verdes, o Toronto, uno de los lugares pioneros en esta actividad. Ecología, sostenibilidad o hábitos de consumo más saludables son algunas de las razones por las que “agricultores urbanos” de estos países dedican su tiempo al cultivo de sus propias verduras y hortalizas, mientras que en nuestro país parece que las razones económicas aún siguen primando, si bien es cierto que cada vez es mayor el número de los que les mueve un espíritu más altruista.

Los datos son reveladores, según la UNEP (Programa de las Naciones Unidas para el medio ambiente) más del 70% de los hogares urbanos rusos cultivan su huerto mientras que Berlín cuenta con 80.000 agricultores urbanos aunque entre los países europeos, es Polonia quien cuenta con más metros cuadrados de agricultura urbana por habitante. Las primeras ciudades españolas en apuntarse a la llamada “revolución verde” han sido Barcelona, Sevilla, Vitoria-Gasteiz y el área metropolitana de Madrid, aunque hoy en día los huertos, bien a nivel público como privado, están implantados, en mayor o menos medida en todos los núcleos urbanos de nuestro país y en muchos de ellos en proceso de regularización. Sus defensores solo ven ventajas: además del autoconsumo, mejoran el paisaje urbano, promueven prácticas ecológicas de cultivo y reciclaje, reducen la contaminación en las ciudades, tienen beneficios económicos, sociales y terapéuticos e inclusos contribuyen a aumentar la biodiversidad local recuperando tradiciones y especies autóctonas.

Los huertos urbanos y la seguridad alimentaria

No hay duda de que cultivar nuestras propias verduras y hortalizas es una afición que ha ganado gran número de seguidores en los últimos años y no sólo entre personas propietarias de un pequeño terreno, ya que el huerto no solo se ha extendido a terrazas y balcones dentro de las ciudades, sino que además existen empresas especializadas en el alquiler de huertos urbanos (huertas de ocio...e incluso comunales impulsadas por los ayuntamientos). Las razones son muchas y diversas, se trata de un buen pasatiempo para todas las edades, proporciona la satisfacción de obtener nuestros propios productos e incluso nos hará ahorrar. Pero de todos ellas, una de las que más motiva a la hora de iniciarse en el mundo de la horticultura es el conseguir productos frescos, sabrosos y naturales en los que nadie más ha intervenido. Sin embargo, este hecho puede volverse en nuestra contra si no tenemos en cuenta una serie de factores que pueden convertir nuestro huerto en una fuente de contaminación alimentaria.

Contaminantes tanto físicos como químicos derivados de la propia naturaleza del suelo o de la mala aplicación de productos hortícolas, así como biológicos como hongos y microorganismos, pueden provocar que nuestra hortaliza o verdura casera sea origen de una toxiinfección alimentaria. A la hora de abordar esta actividad resulta sin duda imprescindible conocer y aplicar las claves para producir alimentos sanos y seguros. Estos son los principales factores a tener en cuenta a la hora de planificar y desarrollar un huerto urbano saludable:

  • La ubicación: una buena elección del lugar en el que plantaremos el huerto, bien aireado y soleado la mayor parte del día resulta fundamental no sólo para potenciar el rendimiento de nuestro trabajo, sino para asegurar una cosecha sana y libre de podredumbre. El exceso de humedad y la falta de aireación propician el desarrollo de mohos y bacterias que pueden resultar nocivos para nuestra salud. Algunos frutos como los calabacines o melones necesitan engordar en contacto con el suelo por lo que resulta de interés allanar el terreno en esta zona para evitar acumulación de agua de riego e incluso poner bajo ellos un lecho de paja o ramitas secas. Otros factores a tener en cuenta al elegir el lugar de cultivo es la protección del viento y el acceso a agua potable.
     
  • El suelo: asegurarnos de que sea fértil. Si disponemos de un pequeño terreno hay que tener en cuenta que puede contener sustancias no recomendables para el cultivo como restos de detergentes, aceites industriales (si procede de rellenos de construcción) o tratamientos fitosanitarios anteriores que pueden contaminarlo. Las características ideales de un suelo de cultivo son que sea profundo, aireado, con un buen drenaje pero que sea capaz de retener agua, rico en materia orgánica y nutrientes minerales, no salino, y de pH neutro. Si se aleja mucho de este modelo, es preferible utilizar sustrato de relleno especial para horticultura realizando, si se trata de superficies pequeñas, bancales elevados sobre el terreno que pueden delimitarse mediante bloques de piedra, vallas de madera o traviesas, en este último caso preferiblemente ecológicas ya que no han sufrido tratamientos alquitranados. Si por el contrario, el huerto se va a plantar en terrazas y balcones, elegir un sustrato específico para su cultivo. Además, resulta imprescindible que el suelo no esté infectado por hongos, bacterias, insectos o nematodos, algo muy común en los suelos cultivados, por lo que deberá desinfectarse periódicamente bien mediante productos químicos aptos para horticultura no profesional o por procedimientos alternativos como el proceso ecológico llamado de solarización en el que se tapa la superficie libre de cultivo con láminas de plástico transparente y fino.
     
  • Semillas y plantones: a la hora de elegir las variedades de plantas que vamos a cultivar será necesario informarnos de sus requerimientos, especialmente en cuanto a necesidad de agua y sol, adecuando la elección a nuestra disponibilidad. Adquirir las semillas y plantones en centros expertos garantizará la calidad del producto. No todos los productos son igual de fácil a la hora de cultivarlos, los pimientos, guindillas, calabacines, lechugas o rabanitos son una buena opción para los no iniciados. Las plantas aromáticas también son muy agradecidas.
     
  • Contenedores, jardineras o macetas: utilizados como recipientes a la hora de planificar mini huertos en superficies reducidas, terrazas y balcones. Es la opción más popular en las ciudades y además de su tamaño deberemos de tener en cuenta el material de los contenedores. Algunos recipientes cerámicos de arcilla especialmente los vitrificados o decorados con pinturas podrían transmitir a la tierra de cultivo sustancias no deseadas como ciertos metales pesados. Las mesas de cultivo, son una opción muy cómoda al no tener que agacharse.
     
  • Agua de riego: mejor de la red de agua potable ya que garantizará su buen estado sanitario. Si esto no es posible muchas huertas disponen de un aljibe o tanque de recogida de agua. El riesgo radica en que el agua se contamine por ejemplo por el propio material del recipiente de almacenamiento que no deberá aportarle sustancias extrañas o mediante la descomposición en él de un pequeño animal ahogado como un ratón. También el agua de pozo deberá ser analizada para conocer su composición e idoneidad para este fin. El agua de riego no controlada  es una importante fuente de contaminaciones así que deberá vigilarse continuamente y velar por mantenerla en buenas condiciones sanitarias. 
     
  • Utensilios y herramientas: deberán mantenerse limpios y en buen estado. Antes de guardarlos habrá que retirarles cuidadosamente la tierra y secarlos. Es importante mantener las herramientas de corte afiladas para evitar  cortes imprecisos y desgarros que generen problemas en los tejidos de la planta y posibles infecciones e infestaciones secundarias.
     
  • Plagas y Enfermedades de las plantas: como norma general una plaga o enfermedad desarrollada en una planta de cultivo afectará no sólo a la calidad del producto sino también podrá afectar a su salubridad como alimento, por lo que será prioritario evitar tanto plagas como enfermedades. Resulta interesante informarnos en cada caso y según la variedad de planta de sus alteraciones más comunes para detectarlas en el caso de que aparezcan. Si la plaga o enfermedad se ha desarrollado acudir lo antes posible a un centro especializado (centro de jardinería o cooperativa agrícola) para diagnosticar el problema y combatirlo. El desarrollo de microorganismos y hongos resulta más favorable en plantas y frutos previamente dañados. En algunos casos será necesario retirar totalmente de la zona de cultivo las plantas o restos afectados.
     
  •  Abonos y productos fitosanitarios. Nuestro huerto necesitará abonos periódicos pero cuidado con los abonos orgánicos caseros porque pueden contener una importante carga microbiana que contamine el producto. Si es necesario tratar la planta con productos fitosanitarios, respetar siempre las indicaciones de uso del fabricante especialmente en cuanto a cantidad, modo de aplicación y periodo de espera antes del consumo.
     

Otros importantes consejos para consumir nuestras verduras y hortalizas de forma saludable:

  • Hay que tener en cuenta que algunas de las verduras y hortalizas van a consumirse en crudo sin otro proceso de higienización que el del lavado. Este proceso deberá eliminar además restos de tierra y polvo, insectos u otros pequeños animales, junto con los posibles microorganismos presentes por lo que es recomendable dejar a remojo en agua con unas gotas de lejía apta para desinfección de alimentos y bebidas, durante unos minutos y aclarar con abundante agua potable.
     
  • Las verduras y hortalizas, a las que se habrán retirado las partes no comestibles, deberán mantenerse preferiblemente refrigeradas. Si el almacenamiento va a prolongarse o la producción es excesiva para su consumo (picos de cosecha), habrá que congelarlas previamente troceadas y blanqueadas (escaldadas en agua hirviendo) correctamente envasadas y etiquetadas (variedad, fecha...), hasta su consumo fuera de temporada.
     
  • Cuidado con el toxoplasma, especialmente en las embarazadas: la práctica de la  jardinería puede ser fuente de contaminación de toxoplasma por lo que es conveniente utilizar guantes durante la manipulación de la tierra y lavarse a fondo las manos después de esta tarea. Es posible que algún gato haya depositado el parásito en el suelo a través de sus excrementos. Otra vía de contaminación es a través de la ingestión de alimentos contaminados: verduras y hortalizas mal lavadas y carnes crudas poco hechas.

Lo más sorprendente:

  • Los huertos urbanos y pequeños jardines instalados sobre el techo de autobuses de Barcelona, Girona y Palma de Mallorca son fruto del compromiso entre medioambiente y diseño. Además de llamar poderosamente la atención, contribuyen al mantenimiento de la temperatura del vehículo de forma natural reduciendo en 1/3 la energía empleada para ello. Por otra parte, cada metro cuadrado verde captura unos 20 K./año de CO2, cantidad nada desdeñable teniendo en cuenta los miles de autobuses que circulan por el mundo. Fresones, lechugas, escarolas, romero o menta ya crecen sobre los techos de algunos autobuses.
     
  • “Incredible Edible” (Increíble y Comestible) es un innovador proyecto desarrollado en Todmorden (Inglaterra) que selecciona espacios públicos donde se pueden cultivar verduras y hortalizas, árboles frutales y plantas medicinales. A continuación, un grupo de 300 voluntarios, se encargan de su mantenimiento y cuando llega la cosecha cualquier persona residente o visitante puede servirse de los productos para su consumo. Cooperación, vinculo comunitario, educación ambiental o agricultura de proximidad son algunos de los valores que pone en práctica este proyecto, relacionando embellecimiento urbano con la búsqueda de la sensibilización social por el funcionamiento del sistema de producción alimentario y cuya repercusión mundial ha sorprendido hasta a sus propios responsables.
 
 
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  • La Mecanica del Caracol Radio Euskadi
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